Primero comenzó como una nueva moda a la que se plegaron las personas que siempre marcan avanzada dentro de la sociedad. Tener un celular daba status, se creaba imagen de modernismo, de exclusividad. En algún momento nació el cuento de los celulares de palo, que nadie sabe si fue cierto o no. El hecho es que tener un celular destacaba a la persona en el grupo.
Posteriormente, gracias a la imparable e inevitable (para una persona normal) publicidad, a todos se les hizo necesario contar con uno. No hay duda que como resultado de esto, hoy es casi una excentricidad no tener uno porque todos fuimos obligados por distintas razones. Además, es muy cómodo y facilita las cosas, aunque dificulta el tema financiero. A eso vamos.
Cuando comenzaron a aparecer los primeros celulares en manos de personas modestas, mi amigo Jaime Concha opinaba que las personas modestas habían libremente elegido bajarse sus ingresos en una suma equivalente al costo del plan correspondiente. Paralelamente negociaban con sus empleadores (o al menos ellos creían que negociaban) por mejores salarios. En esos años (estamos hablando de mediados de la década del 90), un obrero ganaba $ 200.000 al mes. Negociaba, huelga incluida en algunos casos, para conseguir un 5% de aumento lo que equivalía al costo de su plan. Flor de negocio. ¿Y la negociación no era para llevar más dinero a su casa? Y, si la habían ganado, ¿por qué la esposa no veía más plata a fin de mes? Lo que ocurría era que esa más plata iba a parar a las arcas de las compañías de telefonía celular.
La publicidad ha sido tan intensa, tan penetrante, tan imposible de no ser tomada en cuenta que el celular debe ser uno de los productos con mayor crecimiento en cantidad por habitante de todos los electrónicos del mercado. Y, si ponemos un poco de atención, veremos que en la totalidad de los casos está dirigida a los segmentos populares (avisos chabacanos, músicas estridentes, etc.).
No contentas con eso, estas compañías se orientaron a planes estratégicos de aumento de consumo debido a que, a pesar de tener un celular, la gente se cuida mucho de no llamar demasiado para no sobrepasar su cuota de dinero. Estos planes estratégicos de aumento de consumo consisten en algo tan simple como contratar con un canal de televisión para un programa determinado, concursos que consisten en hacerle a los televidentes preguntas vanales (¿quién fue el jugador que marcó el primer gol del partido entre Chile y …?) las que deben ser respondidas mediante mensajes de texto. La extraordinaria cantidad de giles que participan en el concurso, algunos enviando más de un mensaje para aumentar sus posibilidades, hace que proliferen estos concursos en la televisión. Flor de negocio, otra vez. Esta vez, negocio para el canal que financia sus programas y negocio para la compañía que aumenta su venta. El único que no hace buen negocio es el consumidor que cayó en la trampa creyendo que se iba a ganar unas lucas extras por contestar una pregunta de la cual creía que él no más sabía la respuesta.
Hace algunas semanas noté que en un canal de televisión hay un programa en el cual hay que armar palabras de una montonera de letras que se muestran en un panel. Me llamó la atención que pasaran tantos minutos y nadie respondiera al desafío. Como me considero bueno para el castellano, pensé que la solución que yo veía clarita, la mayoría no la veía tan clarita. Por lo tanto me decidí a ganarme las lucas que se ofrecían (gil de cuarta dijo el argentino). Cinco mensajes de texto alcancé a mandar antes de darme cuenta de mi estupidez. Las cinco veces me respondían con otro mensaje diciéndome que iba por buen camino, que siguiera participando. ¿Será legal? La gracia me costó mas de $ 1.500.- ¿Cuánta gente se tienta y participa de buena fe sin darse cuenta del engaño? Se me dirá que engaño no hay porque a nadie se le ha dicho que con un solo mensaje basta. Entonces, ¿cuánta gente participa de buena fe sin darse cuenta del aprovechamiento?
Otra estrategia para aumentar el consumo: en algún momento del mes aparece un mensaje de texto señalándonos que se ha activado una bolsa de minutos de SMS (¿qué querrá decir SMS?) y todos los meses cargan algunos pesos más que los contratados en la cuenta y uno los paga porque son pagables, estamos hablando de menos de $ 1.000.- ¿Quién se va a tomar la molestia de ir a las oficinas para desactivar ese cobro siendo que se pierde medio día cada vez que a alguien le toca sacar el numerito para que lo atiendan? Se pierde más plata que la que no se quiere pagar. Me gustaría saber cuántas personas usuarios de celulares tienen este problema. Si este mismo problema le ocurriera al 50% de los usuarios (yo creo que es más) y si la cantidad de usuarios de celulares fuera de 5 millones, y si el costo de este sobre pago no contratado fuera tan solo de $ 500 mensuales por usuario, entonces por este solo concepto se estarían embolsando nada menos que mil doscientos cincuenta millones de pesos al mes. Flor de negocio. ¿Será legal?
Son los costos de la modernidad, dicen algunos. Son los costos del libre mercado, dicen otros. Somos libres de rechazar estos costos. Pero de lo que no somos libres es de tomarnos la molestia de perder tiempo para dedicárselo a estos menesteres que nos imponen la modernidad y el libre mercado. Yo diría: que nos imponen los sinvergüenzas. En este país se castiga a quienes roban de manera directa, a veces por la fuerza y con daño a las personas (bueno, no siempre se castiga). ¿Y por qué no se castiga a los que roban detrás de una capa de institucionalidad, en nombre de una gran compañía, con abogados que la defiendan y que actúan al filo de la ley?
Hasta aquí no más dejo este comentario porque me acaban de mandar un mensaje de texto invitándome a contratar un combo de no se qué cosa y parece que es interesante.
Don Baldomero.
P.S. Lapublicidadeselartedeconvencernosdequenopodemosvivirsinaquelloquenonecesitamos.
lunes, 1 de diciembre de 2008
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