Mejor cállense la boca.
Las declaraciones de un general peruano relativas a los chilenos no son nada nuevo en el campo de las reuniones en que se toman algunos tragos demás y en que al que se los tomó le presentan un micrófono. Si el hombre es egocéntrico, el resultado es casi siempre el mismo. Recuerdo los almuerzos del Club de La Unión en los cuales primero se le regaba con mostos y luego se le pasaba un micrófono para que desparramara. Y como le celebraban, el breva se lucía y hablaba más de la cuenta demostrando lo que todos sabían pero nunca se atrevían a decir: poca sabiduría. Y los medios estaban al agüaite. La ocasión era esperada cada año. ¿Cuánto duró el show? ¡No se olvide de invitarlo pues! No jefe, ya le enviamos la misiva y ya confirmó su asistencia. Y lo curaban, y le pedían que hablara (dile al tonto que es forzudo para que haga fuerzas), y hablaba, y la guaneaba, y la mitad de la gente del país se comía la rabia, y la otra mitad se mataba de la risa. Pero no es este el tema de hoy. El tema es el de las declaraciones del general peruano, y las reacciones en nuestro país, y las contra reacciones en Perú, y las declaraciones de nuestros eminentes hombres públicos.
Me pregunto: ¿no tienen otras cosas más importantes de qué hablar que se preocupan de un curadito? ¿Cuándo se les hace caso a los curaditos? Las muestras de dignidad ofendida presentadas a este lado de la línea de la concordia (¿discordia?), lo único que logran es provocar más declaraciones poco felices. Habría bastado con lo que dijo la Presidenta: me comuniqué con don Alan y ofreció disculpas. Punto. Si nos quedamos callados hasta capaz que don Alan ni sienta temor de tomar medidas disciplinarias. Pero no. Seguimos hablando y vinieron las contra reacciones de inmediato. Resultado: el perla ahora hasta ha sido homenajeado y nosotros, rumiando penas.
Por lo demás, es un hecho que en nuestro país, en algunos casos, se trata de manera inadecuada a los hermanos peruanos. A mi me consta. Trabajé un par de meses en una armaduría peruana de Tacna, por los años 80, por encargo de mi empresa chilena y me tocaba ver, cuando veníamos a Arica a comprar insumos, que al peruano que compraba lo trataban mal, lo postergaban en la atención y cuando lo atendían lo estafaban en los precios. ¿Sería así siempre o yo me saqué el premiado? ¿Será así todavía? Ahora se les ocurrió llevar una réplica de La Esmeralda y del Huáscar, nada menos que a Arica. Es que es un proyecto fílmico, dicen. ¿Y cómo se sentirán más al norte? ¿Lo celebrarán? ¿lo aplaudirán? ¿lo ignorarán?
Por eso no me extraña que un curadito diga lo que dijo. Lo que molesta es el caso que se le hace al curadito.
Señores dirigentes del Partido Pipíolo, señores dirigentes del Partido Pelucón, señores visires, señores todos: mejor cállense la boca.
Hagamos como que el tema no tiene mayor trascendencia (aunque la tenga). No demostremos emociones. Si hay que actuar, entonces actuemos y démosle la importancia que cada cosa tiene.
Oiga don Baldo, ¿usted es Chileno? Si señora, ¿por qué lo pregunta? Es que como dice hermanos peruanos. Y, sí señora, yo los considero a todos como hermanos y creo que deberíamos dejar de molestarnos unos a otros con temas como el pisco, la aerolínea, la frontera marítima y todas esas cosas. ¿Y con los demás vecinos es lo mismo? Sí señora, menos con los argentinos que en este caso serían nuestros hermanastros.
Don Baldomero.
P.S. Sisomosamericanosseremosbuenoshermanosdicelacanciónperoparecequelacanciónseequivocó.
viernes, 5 de diciembre de 2008
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