Hace un montón de años atrás, durante una cena en alguna ciudad de Italia, un amigo italiano me dijo que los chilenos éramos famosos por la falta de escrúpulos con que se nos conocía. Obviamente reaccioné defendiéndome y argumentando para tratar de revertir la imagen con la que se nos asociaba pero debo confesar que mi defensa fue, lo suficientemente fuerte como para que el italiano viera que me había ofendido como también lo suficientemente débil para evitar que él se enojara y no tener que pagar yo la cuenta al final de la cena. Al día siguiente, uno de mis colegas de viaje (era un viaje profesional) trató de robarse unos álbumes de fotografías que nos estaban mostrando en una reunión de trabajo. No pudo, no lo dejé. Pero el resto del viaje para mí fue un martirio ya que él se encargó de que así fuera, en venganza por mi atrevimiento. Ojo, que estamos hablando de profesionales, de ingenieros, titulados, y con jefaturas importantes en la empresa en donde trabajábamos. Algunos días después, almorzando en un restaurant en Roma, antes de que nos robáramos unos vasos muy hermosos en los que se nos habían servido los correspondientes mostos, el mozo nos regaló a cada uno un vaso. Cuando le pregunté a nuestro anfitrión la razón del regalo, nos dijo que cuando llegaban chilenos se hacía eso pues ellos sabían que igualmente los vasos desaparecerían.
En otro viaje, esta vez en Nueva York, me trataron de gil (unos amigos residentes chilenos) porque yo no tenía intenciones de robarme las hermosas toallas del hotel en que me alojaba. Todos lo hacen, Baldo, decían; si los gringos no se darán ni cuenta, gil, decían; si estos gringos son todos unos giles, gil, decían, mientras los gringos giles se empeñaban en construir transbordadores, portaaviones, megaestructuras, etc.
¿Cuánta razón tenía el italiano? ¿Será verdad que somos sinvergüenzas? Pareciera que sí. Desde luego que como protesta por esta ofensiva pregunta y por mi condicional y débil respuesta afirmativa, se elevarán miles de voces diciendo que cómo se le ocurre, que qué se ha imaginado, que traicionero, que usted será pero yo no. Hasta capaz que se me demande. Como existe la posibilidad de que se me demande, entonces voy a cambiar mi respuesta de afirmativa a negativa (igual de condicional y débil).
Sin embargo, hay hechos que nos traicionan, hay ejemplos que le dan la razón al mentado italiano. Vamos viendo dijo el ciego:
Caso 1.
¿Se acuerdan del Piñeragate? El Piñeragate fue un escándalo político chileno ocurrido el 23 de agosto de 1992 y protagonizado por el precandidato a la presidencia de 1993, candidato a la presidencia de 2005, candidato a la presidencia hoy en 2009 y ex senador Sebastián Piñera. Este caso comenzó cuando, en un programa de T.V. en directo y mediante una grabación telefónica clandestina, se reveló una conversación en la que Piñera descalificaba a la también candidata y diputada Evelyn Mathei. Sebastián Piñera y Evelyn Matthei, miembros de la denominada patrulla juvenil de la derecha chilena, intentaban convertirse en el abanderado del pacto político Unión por el Progreso. Fue en este ambiente cuando se divulgó una conversación telefónica entre Piñera y su amigo Pedro Pablo Díaz, y en la cual le comentaba una maniobra para bajar de la carrera a su contendora Matthei, o por lo menos ponerla en una situación difícil para que bajara su credibilidad frente a los electores. Esto se reveló en un panel durante el programa A eso de..., de dicho canal, por parte del entonces presidente de la televisora, Ricardo Claro (Q.E.P.D.) y ante la atónita reacción de Piñera (participante del programa de debate).
En la grabación, se escuchaba la voz de Sebastián Piñera junto a su amigo Díaz, comentando cómo encerrar en un debate de televisión a Matthei, insinuando que debería hablarse del divorcio para que la candidata quedara en una postura incómoda debido a su reconocido conservadurismo y revelara ciertas contradicciones de la candidata, como por ejemplo, demostrar que Matthei profesaba el catolicismo pero no lo practicaba. Si la conducta de estos señores no es sinvergenzura, ¿entonces qué es?
Caso 2.
En los últimos años de la dictadura chilena, el entonces jefe del SERPLAC de Aysen y hoy próspero empresario nacional, José Yurasek, transfiere a manos de privados el 96% de los derechos de aprovechamiento de agua de los ríos de la región, privados entre los que él era uno de los mayores accionistas. Astutamente, a fines de los 80 Yurasek vende estos derechos a Endesa, que en ese momento era chilena y posteriormente fué vendida a Endesa España. Este negocio, que catapulta a Yurasek a la fama entre las páginas de revistas de economía y negocios, convierte a la trasnacional en la dueña del 80% de los ríos de Chile, y del 96% de los ríos de Aysén; es decir, el agua, elemento fundamental para los regadíos y el consumo humano, ya no pertenece a la gente que ha vivido toda su vida a orillas de los rios que la proporcionan, sino que pertenece a una empresa extranjera, así de sencillo. Lindo, ¿cierto?
Caso 3.
El día 24 de julio de 2006 el empresario Sebastián Piñera adquirió por intermedio de la Corredora Banchile, un 0,9% del capital social de LAN, a nombre de Inversiones Santa Cecilia, sociedad en donde compartía, a la sazón, propiedad con su señora e hijos.El mencionado paquete accionario fue adquirido a $3.280 por acción; ello significó unos 9.840 millones de pesos chilenos, que son unos US $18 millones (bonita suma, ¿verdad? ¿De donde saldrían US $18 millones en manos de una persona cincuentona que ha trabajado 25 años? ¿Del trabajo honrado? Supongamos que sí). El día inmediatamente siguiente de que se materializara la compra por el empresario (la cual fue efectuada al contado), LAN dio a conocer los estados de resultado de la empresa, donde se informó que la empresa había tenido una utilidad de un 31% y, a la vez, se anunció que se entregaría un dividendo provisorio de $84 por acción, a partir del día martes 22 de agosto. Hay que destacar que desde el día 26 de abril de 2006, el señor Piñera era miembro del directorio de LAN. En esta maniobra, se embucharon nada menos que 252 millones de pesos. Este señor fue sancionado por este caso.
¡Puchas que son sinvergüenzas!
Caso 4.
Soquimich, una empresa minera que se dedica a vender minerales no metálicos extraídos de la pampa, de donde antes se extraía el salitre, durante el gobierno militar estaba bajo administración de Corfo, y cuando vino la era de las privatizaciones fué vendida (junto con Endesa, Entel, Ecom y muchas otras). En ese tiempo y según testimonio del Director de Corfo de la época, (este testimonio se encuentra grabado en el senado) la traspasaron a Julio Ponce Lerou que ofreció a cambio (debido a que no tenia dinero) una vacas que tenía en el sur. Soquimich fue privatizada y creció mucho hasta transformarse en una empresa internacional. ¿Que pasó con las vacas? Se les murieron. Dijo Balzac que detrás de cada gran fortuna hay un crimen.
Caso 5.
10 de julio 2004. El ex Subsecretario de Transportes, Patricio Tombolini, fue sentenciado a tres años de prisión y un día, y al pago de 36 millones de pesos como responsable de dos delitos de cohecho en el denominado casos coimas, por el otorgamiento ilícito de permisos para plantas de revisión técnica en la Sexta Región. El fallo, que condenó a otros 8 involucrados, sentenció que el ex timonel quedó inhabilitado perpetuamente para ejercer cargos públicos. Las acusaciones de Carlos Filippi (empresario de la zona que detentaba el casi monopolio de las plantas de revisión técnica y que comenzó a perder bonos con el gobierno) respecto de que algunos funcionarios de gobierno habrían recibido dineros a cambio de adjudicaciones ilegales de plantas de revisiones técnicas en la sexta región (Judas), dejaron al descubierto un manejo fraudulento por parte de más de diez miembros de la alianza de gobierno. Este caso es emblemático. Funcionarios de gobierno, parlamentarios, empresarios, todos ellos coludidos para saltarse los procedimientos que la moral y la ley les indican, con el fin de aprovecharse de los demás. ¡Viva la democracia!
¿Sigo? ¡Nooo! Pero si hay montones de casos como para llenar varios libros, tenemos el caso chispas, el caso mopgate, las AFP, las isapres, LAN-cargo, ¿Sigo? ¡Nooo! O.K. pero entonces no digan que yo soy hocicón o que soy exagerado. Parece que el italiano tenía razón, ¿verdad? Lo que más me tiene intrigado es: ¿Cómo supo el italiano?
Don Baldomero.
P.S.
Lobonitodetodoestoesquecapazquehastaelijamospresidenteaunodeestosseñores.
martes, 27 de enero de 2009
sábado, 3 de enero de 2009
Los Derechos Humanos.
Los derechos humanos han sido pasados a llevar desde siempre. Nunca en la historia de la humanidad se ha conocido alguna sociedad, gobierno, imperio o lo que sea en los cuales se hayan respetado cabalmente. Injusticias y atropellos han existido siempre y dependiendo del cristal con que se les mire, se les ha justificado o no.
Nuestro país no ha sido la excepción. No puede haber sido la excepción. Acá siempre se ha pasado a llevar a las personas; siempre ha habido aprovechamiento por parte de gente que piensa que el planeta fue creado para aprovecharse de él (lo cual es muy cierto, de hecho existe un mandato divino según el Génesis en dicho sentido) pero pasando a llevar los derechos de los demás, aprovechándose de la pasividad de los demás, de la ingenuidad de los demás y de la interpretación de las leyes (no siempre, a veces éstas no se toman en cuenta) en la forma que más convenga. Esto último no lo encontré en el Génesis.
Cada estrato de nuestra sociedad trata de pasar a llevar los derechos de otros. ¿Ejemplos? Lo que está ocurriendo con la economía mundial es uno de los más representativos. ¿Qué culpa tiene la persona que depositó ahorros en fondos mutuos, de lo que ocurrió y ocurre en la economía mundial? ¿Qué culpa tiene el empleado que perderá su trabajo por lo mismo? Todo es legal, todo tiene una lógica y una explicación. Eso, mis queridos amigos, se llama violación de los derechos de las demás personas.
Durante el régimen militar se maltrató a personas que, al decir de algunos, amenazaban a Chile con totalitarismos foráneos por lo cual había que tomar medidas. Había que violar mujeres que no se podían defender, había que torturar hasta matar, había que hacer desaparecer. Y todo era ejecutado por aquellos a los que la sociedad les había encargado la seguridad nacional, la defensa ante enemigos del país. Y encontraron enemigos dentro del país, y pregonaron que estábamos en guerra, señores, y en esa, su guerra, se comportaron como los más desalmados de los guerreros porque no respetaron derechos humanos, y cuando se terminó la guerra inventada, se comportaron como los peores gatos de campo. Se apropiaron, o permitieron que otros se apropiaran (esto último en mayor porcentaje) de negocios, riquezas, bienes y un cuanto hay. Eso, mis queridos amigos, se llama violación de los derechos de las demás personas.
Pasado el trago amargo y una vez retornada la democracia, se continúa con lo mismo, pero con matices diferentes. Ahora la violencia no viene de allá, más bien apunta hacia allá. Una generación completa de desesperanzados y carentes de oportunidades necesita vivir y no encuentra la forma correcta de hacerlo. Entonces se comienzan a polarizar hacia el vandalismo, hacia el robo, hacia la protesta irracional, sobre todo amparados en una lamentable frase de nuestra presidenta que dijo que en su gobierno no se usaría la violencia contra el pueblo (que no se interprete que la estoy culpando a ella, solo digo que su frase fue muy desafortunada). Sucede que a cualquier patán se le ocurre romper bienes de propiedad pública, liceos, negocios; sucede que a cualquier mocosa mal educada e insolente se le ocurre faltarle el respeto a una autoridad pública arrojándole agua delante de todos; sucede que a cualquier maleante se le ocurre agredir a carabineros sin que éstos puedan ejercer su legal autoridad; sucede que a cualquier bandido se le ocurre apropiarse de lo que es de otra persona y agredir hasta el asesinato. Eso, mis queridos amigos, también se llama violación de los derechos de las demás personas.
¿Qué podemos hacer? ¿Retornar a regímenes autoritarios? ¿Reformar las leyes? ¿Usar la represión de manera enérgica?
Yo creo que si se lograra consensuar la idea de que mis derechos terminan cuando yo violo los derechos de otros se daría un gran paso. Hoy, el agresor se transforma en víctima apenas es aprehendido, lo defiende el mismo sistema, la misma legislación que han sido violados, con lo cual deduzco que hay fallas. El carácter de víctima no debería aparecer nunca si he violado derechos ajenos. La ley no debería ampararme. Cuando un agresor es detenido y es televisado en su camino hacia algún lugar, se le debería impedir que se tape la cara para que todos lo vean, lo conozcan y lo identifiquen (¿Qué se están violando sus derechos? ¿y cuales derechos, si se supone que los perdió con su fechoría?)
Las protestas deberían ser canalizadas de manera civilizada mediante negociaciones similares a las negociaciones entre patrones y empleadores. La juntas de vecinos y otros organismos de bases deberían encargarse de canalizar estas actividades dentro de un marco legalizado y de respeto y solicitar las correspondientes audiencias a los correspondientes organismos interlocutores para plantear problemas y buscar soluciones. Y todo esto debería estar contemplado en la ley para que se cumpla. Si se trata de problemas que atañen a estudiantes, entonces serían los centros de alumnos los encargados de manifestarse. Evidentemente que todo esto amparado en el hecho de que cada planteamiento encontrará la correspondiente respuesta y negociación con el o los organismos involucrados. Si el tema ha funcionado (no tan perfectamente, pero sí lo ha hecho) en el caso de las negociaciones colectivas, ¿por qué no podría funcionar para lo demás?
El caso de los maleantes es un poco más complicado. Si a mí me preguntan, opino que deberíamos aplicar una pena que se aplica en alguna sociedad oriental a este tipo de personas, esto es, mutilarlos de a poco (si no me preguntan opino igual lo mismo). Aplicar penas capitales sin titubeos, sin esperas, sin vacilaciones. El daño infringido a estas personas al aplicarle castigos ejemplarizadores es muchísimo menor que el daño que ellas podrían hacer (que harán, con seguridad) a los demás en el futuro. Si se aplicara este tipo de castigos, ¿sería tan motivador elegir el camino de los robos y asesinatos? Definitivamente no. Poco a poco se reducirían los índices de delincuencia. No existe mejor motivador que el miedo a las represalias en casos como estos. No será una excelente solución, pero sin dudas, es la mejor.
Otra buena idea es la de obligarlos a hacer algo útil para la sociedad. Obligarlos a producir, en empresas ad-hoc de manera que paguen su deuda con trabajo, sin remuneración, solo por el alimento y el alojamiento, con sus correspondientes descansos y feriados. Así se amortizaría el enorme e injusto gasto que tenemos todos que absorber para mantenerlos.
Pero todas estas no son soluciones radicales. Pienso que la principal acción para disminuir estos problemas es una justa y equitativa distribución de riquezas. ¿Quién tiene la palabra? ¿El gobierno? ¿Los empresarios? ¿Los grupos económicos? ¿Los trabajadores? La respuesta es obvia: si hablamos de distribución de riquezas, entonces hablamos de que quienes tienen riqueza deben saber compartirla. Utopía, ilusiones, fantasías. Ni a palos reparto lo que me he ganado con el sudor de mi frente y con el sudor de la frente de todos mis esclavos. Lo que es mío es mío. No me lo quita nadie. A lo sumo podré participar de planes de capacitación (pagados por el gobierno) para que mis trabajadores (¿dije esclavos?) tengan oportunidades de surgir; pero no en mi empresa. Donde, es problema de ellos. La real solución de estos problemas es la liberalización de las leyes laborales y la eliminación de impuestos que no permiten el surgimiento de las empresas. Perdone que no esté de acuerdo con sus palabras, señor, pero creo que los trabajadores lo primero que necesitan es una remuneración justa que les permita vivir sin sobresaltos y después estarán dispuestos a capacitarse para mejorar su desempeño. No señor, primero capacitación y después remuneraciones de acuerdo a lo que dicte la ley. Pero si llegan a la casa con un diploma, sus niños no se pueden comer ese diploma ni pueden esperar tanto, digo yo, además de acuerdo a la ley se les paga sueldos mínimos que no alcanzan para nada, entonces qué sacan con capacitarse si igual tendrán poca plata a fin de mes, señor, señor, ¡chuata! parece que algo le pareció mal y me dejó hablando solo el caballero. No importa, vamos a poner su casa en la lista de casas a intervenir para redistribuir la riqueza por cuenta nuestra. Si no es por las buenas, entonces será por las malas.
Don Baldomero.
P.S.
DiceelrefránaDiosrogandoyconelmazodándolealostrabajadores.
Nuestro país no ha sido la excepción. No puede haber sido la excepción. Acá siempre se ha pasado a llevar a las personas; siempre ha habido aprovechamiento por parte de gente que piensa que el planeta fue creado para aprovecharse de él (lo cual es muy cierto, de hecho existe un mandato divino según el Génesis en dicho sentido) pero pasando a llevar los derechos de los demás, aprovechándose de la pasividad de los demás, de la ingenuidad de los demás y de la interpretación de las leyes (no siempre, a veces éstas no se toman en cuenta) en la forma que más convenga. Esto último no lo encontré en el Génesis.
Cada estrato de nuestra sociedad trata de pasar a llevar los derechos de otros. ¿Ejemplos? Lo que está ocurriendo con la economía mundial es uno de los más representativos. ¿Qué culpa tiene la persona que depositó ahorros en fondos mutuos, de lo que ocurrió y ocurre en la economía mundial? ¿Qué culpa tiene el empleado que perderá su trabajo por lo mismo? Todo es legal, todo tiene una lógica y una explicación. Eso, mis queridos amigos, se llama violación de los derechos de las demás personas.
Durante el régimen militar se maltrató a personas que, al decir de algunos, amenazaban a Chile con totalitarismos foráneos por lo cual había que tomar medidas. Había que violar mujeres que no se podían defender, había que torturar hasta matar, había que hacer desaparecer. Y todo era ejecutado por aquellos a los que la sociedad les había encargado la seguridad nacional, la defensa ante enemigos del país. Y encontraron enemigos dentro del país, y pregonaron que estábamos en guerra, señores, y en esa, su guerra, se comportaron como los más desalmados de los guerreros porque no respetaron derechos humanos, y cuando se terminó la guerra inventada, se comportaron como los peores gatos de campo. Se apropiaron, o permitieron que otros se apropiaran (esto último en mayor porcentaje) de negocios, riquezas, bienes y un cuanto hay. Eso, mis queridos amigos, se llama violación de los derechos de las demás personas.
Pasado el trago amargo y una vez retornada la democracia, se continúa con lo mismo, pero con matices diferentes. Ahora la violencia no viene de allá, más bien apunta hacia allá. Una generación completa de desesperanzados y carentes de oportunidades necesita vivir y no encuentra la forma correcta de hacerlo. Entonces se comienzan a polarizar hacia el vandalismo, hacia el robo, hacia la protesta irracional, sobre todo amparados en una lamentable frase de nuestra presidenta que dijo que en su gobierno no se usaría la violencia contra el pueblo (que no se interprete que la estoy culpando a ella, solo digo que su frase fue muy desafortunada). Sucede que a cualquier patán se le ocurre romper bienes de propiedad pública, liceos, negocios; sucede que a cualquier mocosa mal educada e insolente se le ocurre faltarle el respeto a una autoridad pública arrojándole agua delante de todos; sucede que a cualquier maleante se le ocurre agredir a carabineros sin que éstos puedan ejercer su legal autoridad; sucede que a cualquier bandido se le ocurre apropiarse de lo que es de otra persona y agredir hasta el asesinato. Eso, mis queridos amigos, también se llama violación de los derechos de las demás personas.
¿Qué podemos hacer? ¿Retornar a regímenes autoritarios? ¿Reformar las leyes? ¿Usar la represión de manera enérgica?
Yo creo que si se lograra consensuar la idea de que mis derechos terminan cuando yo violo los derechos de otros se daría un gran paso. Hoy, el agresor se transforma en víctima apenas es aprehendido, lo defiende el mismo sistema, la misma legislación que han sido violados, con lo cual deduzco que hay fallas. El carácter de víctima no debería aparecer nunca si he violado derechos ajenos. La ley no debería ampararme. Cuando un agresor es detenido y es televisado en su camino hacia algún lugar, se le debería impedir que se tape la cara para que todos lo vean, lo conozcan y lo identifiquen (¿Qué se están violando sus derechos? ¿y cuales derechos, si se supone que los perdió con su fechoría?)
Las protestas deberían ser canalizadas de manera civilizada mediante negociaciones similares a las negociaciones entre patrones y empleadores. La juntas de vecinos y otros organismos de bases deberían encargarse de canalizar estas actividades dentro de un marco legalizado y de respeto y solicitar las correspondientes audiencias a los correspondientes organismos interlocutores para plantear problemas y buscar soluciones. Y todo esto debería estar contemplado en la ley para que se cumpla. Si se trata de problemas que atañen a estudiantes, entonces serían los centros de alumnos los encargados de manifestarse. Evidentemente que todo esto amparado en el hecho de que cada planteamiento encontrará la correspondiente respuesta y negociación con el o los organismos involucrados. Si el tema ha funcionado (no tan perfectamente, pero sí lo ha hecho) en el caso de las negociaciones colectivas, ¿por qué no podría funcionar para lo demás?
El caso de los maleantes es un poco más complicado. Si a mí me preguntan, opino que deberíamos aplicar una pena que se aplica en alguna sociedad oriental a este tipo de personas, esto es, mutilarlos de a poco (si no me preguntan opino igual lo mismo). Aplicar penas capitales sin titubeos, sin esperas, sin vacilaciones. El daño infringido a estas personas al aplicarle castigos ejemplarizadores es muchísimo menor que el daño que ellas podrían hacer (que harán, con seguridad) a los demás en el futuro. Si se aplicara este tipo de castigos, ¿sería tan motivador elegir el camino de los robos y asesinatos? Definitivamente no. Poco a poco se reducirían los índices de delincuencia. No existe mejor motivador que el miedo a las represalias en casos como estos. No será una excelente solución, pero sin dudas, es la mejor.
Otra buena idea es la de obligarlos a hacer algo útil para la sociedad. Obligarlos a producir, en empresas ad-hoc de manera que paguen su deuda con trabajo, sin remuneración, solo por el alimento y el alojamiento, con sus correspondientes descansos y feriados. Así se amortizaría el enorme e injusto gasto que tenemos todos que absorber para mantenerlos.
Pero todas estas no son soluciones radicales. Pienso que la principal acción para disminuir estos problemas es una justa y equitativa distribución de riquezas. ¿Quién tiene la palabra? ¿El gobierno? ¿Los empresarios? ¿Los grupos económicos? ¿Los trabajadores? La respuesta es obvia: si hablamos de distribución de riquezas, entonces hablamos de que quienes tienen riqueza deben saber compartirla. Utopía, ilusiones, fantasías. Ni a palos reparto lo que me he ganado con el sudor de mi frente y con el sudor de la frente de todos mis esclavos. Lo que es mío es mío. No me lo quita nadie. A lo sumo podré participar de planes de capacitación (pagados por el gobierno) para que mis trabajadores (¿dije esclavos?) tengan oportunidades de surgir; pero no en mi empresa. Donde, es problema de ellos. La real solución de estos problemas es la liberalización de las leyes laborales y la eliminación de impuestos que no permiten el surgimiento de las empresas. Perdone que no esté de acuerdo con sus palabras, señor, pero creo que los trabajadores lo primero que necesitan es una remuneración justa que les permita vivir sin sobresaltos y después estarán dispuestos a capacitarse para mejorar su desempeño. No señor, primero capacitación y después remuneraciones de acuerdo a lo que dicte la ley. Pero si llegan a la casa con un diploma, sus niños no se pueden comer ese diploma ni pueden esperar tanto, digo yo, además de acuerdo a la ley se les paga sueldos mínimos que no alcanzan para nada, entonces qué sacan con capacitarse si igual tendrán poca plata a fin de mes, señor, señor, ¡chuata! parece que algo le pareció mal y me dejó hablando solo el caballero. No importa, vamos a poner su casa en la lista de casas a intervenir para redistribuir la riqueza por cuenta nuestra. Si no es por las buenas, entonces será por las malas.
Don Baldomero.
P.S.
DiceelrefránaDiosrogandoyconelmazodándolealostrabajadores.
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