Una vez, a una Pyme, habría llegado una oferta de negocio que no habría podido ser rechazada. Como toda buena pyme, esta pyme tenía problemas para subsistir. Problemas de pocas ventas y falta de mercado, de pocos recursos financieros, de intereses usureros, de costos elevados, etc. Como la oferta habría sido atractiva, no habría habido dudas en acometer el proyecto propuesto y ¡a trabajar los boletos!
El proyecto en cuestión habría consistido en fabricar una serie de elementos de tipo publicitario para una municipalidad cuyo nombre no me dieron. La o las personas que habrían propuesto el negocio habrían estado todas bien posicionadas dentro de la muni en cuestión, es decir, habría habido altísimas probabilidades de adjudicarse la propuesta (que no la hubo) y además, una de ellas habría estado muy bien relacionada con uno de los gerentes de nuestra mencionada pyme.
Se habrían hecho los estudios de diseño, los estudios técnicos, de costos y precios y todo lo relacionado con un proyecto de esta naturaleza. Los elementos serían ubicados en diferentes lugares de la comuna de acuerdo a instrucciones de la muni.
Todo habría sido estudiado minuciosamente y habría llegado la hora de hablar de dineros. Y el trabajo le costaría a la muni 35 y ellos habrían dicho que era demasiado que con 30 bastaba y cuando la pyme aceptó les habrían dicho que tenían que facturar por 80 y que la diferencia sería para ellos (los de la muni lógicamente, bajo cuerda naturalmente) y que esa diferencia se debía garantizar con un cheque sin fecha por anticipado, cheque que al finalizar el trabajo y cobrar la factura, sería devuelto y que el pago debería ser en efectivo porque ellos no querían ningún tipo de constancia de la operación.
Y habrían partido, y se habrían sacrificado, y habrían tenido problemas como en todo proyecto de este tipo, pero los habrían solucionado, y hasta su I.T.O les habrían puesto (claro, había que hacer las cosas en regla pues). Y el trabajo habría quedado terminado y habría sido cancelado, y se habría hecho el reparto, y cada uno para su casa. ¡Esos son negocios mi alma!
Cuando me contaron esta historia (que parece cuento) yo dije que cómo era posible que por un trabajo que a lo sumo podría valer 35 se pagaran 80, se me respondió que en la muni nadie tendría acceso a los costos porque a nadie le interesaría, y que en el caso de que alguien metiera sus narices, un palito por aquí, otro palito por allá y asunto solucionado. Decían que todos eran ultrasensibles a los palitos gratuitos y que cuando veían un palito se les acababa la dignidad y la moral y se les olvidaban todas las rivalidades políticas, sobre todo en estos tiempos de miseria.
Y reclamé que cómo era posible que se usaran recursos de los contribuyentes de manera tan poco ética. Y se me respondió que los contribuyentes estarían felices de ver esos hermosos elementos de tipo publicitario que tanta falta les hacían y que el efecto de felicidad que causarían sería tan grande que el costo pasaría a segundo lugar. ¡Ah!, dije yo.
La persona que me contó esta historia estaba media pasada de tragos pues estábamos en una comida y me tinca que no era verdad, porque, ¿Cómo podría el sistema actual que rige nuestra sociedad, permitir tamaño engaño?
No hay que creerles a los curados. ¿O hay que creerles? ¿No dicen que los niños y los curados siempre dicen la verdad? Y este curado, ¿sería un curado de los que dicen la verdad o sería una excepción de esas que confirman la regla? Como yo también estaba medio pasado de tragos, hasta puedo haber imaginado la historia. O tal vez todavía estoy curado y estoy mintiendo. Pero si los curados no mienten. ¡Qué se yo!
donbaldomero.
P.S.
Lamoralmeduramientrastengaplataenelbolsillo.
lunes, 20 de octubre de 2008
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